No se pone nunca coma entre sujeto y verbo
Este es uno de los errores más frecuentes.
Incorrecto:
El coronel Verdugo, ordenó avanzar.
Correcto:
El coronel Verdugo ordenó avanzar.
Aunque el sujeto sea largo:
Incorrecto:
Los soldados que defendían el dique de Empel, resistieron el ataque. Aquí sobra la coma.
Correcto:
Los soldados que defendían el dique de Empel resistieron el ataque.
Ejemplo narrativo:
El soldado avanzaba entre el barro, la niebla, el humo y los gritos de los heridos. El ambiente era caótico, brutal. Había muertos por doquier.
Aquí la coma crea acumulación sensorial, intensifica la escena y da sensación de caos.
Otro ejemplo más pausado:
La aldea era pequeña, silenciosa, humilde y resignada. Sus gentes, pacificas, nos recibieron con agasajos.
La enumeración aquí genera un tono contemplativo.
Los incisos entre comas dan profundidad a la narración, pero no se debe abusar de ellos.
Permiten añadir datos históricos o emocionales sin romper la fluidez.
Ejemplo:
Ruud Jansen, antiguo soldado de los tercios, observaba el dique en silencio.
Si quitamos el inciso:
Ruud Jansen observaba el dique en silencio.
La historia sigue funcionando, pero pierde profundidad.
Otro ejemplo más literario:
La bandera, desgarrada por la metralla, aún ondeaba sobre el parapeto.
El inciso añade dramatismo visual.
En escenas dinámicas, las comas pueden acelerar el ritmo.
Ejemplo:
Saltó la trinchera, rodó por el terraplén, se levantó, disparó.
Las pausas breves transmiten rapidez y continuidad.
Si lo escribimos con puntos:
Saltó la trinchera. Rodó por el terraplén. Se levantó. Disparó.
El ritmo se vuelve más cortado, más cinematográfico.
La coma, por tanto, regula el tempo narrativo.
