Fragmento del Velas Rotas.

Recibió McClancy a Cuellar en su casa sentado en su trono de madera como un lobo viejo con los huesos cansados, pero los colmillos afilados. La estancia olía a humo, a perro mojado y a una asquerosa sopa de cebada. Al fondo, rascaba un fuego con desgana un caldero, y dos hombres de confianza apoyaban las espaldas contra la pared, sin abrir la boca, pero con las manos cerca del acero.

—Capitán de Cuéllar —le dijo McClancy, sin levantarse—. Habéis visto lo que hay y sabéis que esto aún no ha terminado.

No respondió el español de inmediato. Miró el entorno con desconfianza, y la sensación era de retorno a la guarida del oso que una vez le dio cobijo… pero que también podría arrancarle la garganta si tenía hambre.

—¿Y qué necesitáis de mí? —le preguntó al fin.

Alzó una ceja McClancy, sorprendido, sin esperar educación, sino hechos.

—Sin lugar a dudas sois valeroso. —Hizo un gesto a sus guardias para que abandonaran el lugar.

Detrás del capitán, el viento aulló entre las rendijas de la puerta, como si también esperase la respuesta.

El interior de la casa era oscuro, cavernoso, como la garganta de un lobo. Se cerró la única puerta, baja y recia, con un travesaño de roble más grueso que el brazo de un hombre. Dentro, rezumaban humedad las paredes de piedra, como si respiraran el mismo aire salvaje que soplaba desde los acantilados. El techo de paja dejaba filtrar un hilo de humo gris que se enroscaba hacia un artesonado ennegrecido, donde colgaban racimos de cebollas secas, tiras de carne curada, y un tosco crucifijo, tallado con un cuchillo, probablemente aún más tosco…

Como debemos usar la coma – 2

No se pone nunca coma entre sujeto y verbo

Este es uno de los errores más frecuentes.

Incorrecto:

El coronel Verdugo, ordenó avanzar.

Correcto:

El coronel Verdugo ordenó avanzar.

Aunque el sujeto sea largo:

Incorrecto:

Los soldados que defendían el dique de Empel, resistieron el ataque. Aquí sobra la coma.

Correcto:

Los soldados que defendían el dique de Empel resistieron el ataque.

Ejemplo narrativo:

El soldado avanzaba entre el barro, la niebla, el humo y los gritos de los heridos. El ambiente era caótico, brutal. Había muertos por doquier.

Aquí la coma crea acumulación sensorial, intensifica la escena y da sensación de caos.

Otro ejemplo más pausado:

La aldea era pequeña, silenciosa, humilde y resignada. Sus gentes, pacificas, nos recibieron con agasajos.

La enumeración aquí genera un tono contemplativo.

Los incisos entre comas dan profundidad a la narración, pero no se debe abusar de ellos.

Permiten añadir datos históricos o emocionales sin romper la fluidez.

Ejemplo:

Ruud Jansen, antiguo soldado de los tercios, observaba el dique en silencio.

Si quitamos el inciso:

Ruud Jansen observaba el dique en silencio.

La historia sigue funcionando, pero pierde profundidad.

Otro ejemplo más literario:

La bandera, desgarrada por la metralla, aún ondeaba sobre el parapeto.

El inciso añade dramatismo visual.

En escenas dinámicas, las comas pueden acelerar el ritmo.

Ejemplo:

Saltó la trinchera, rodó por el terraplén, se levantó, disparó.

Las pausas breves transmiten rapidez y continuidad.

Si lo escribimos con puntos:

Saltó la trinchera. Rodó por el terraplén. Se levantó. Disparó.

El ritmo se vuelve más cortado, más cinematográfico.

La coma, por tanto, regula el tempo narrativo.

Fragmento de El dique de Dios.

Campamento de Horten. A las afueras de Bolduque. Una hora después.

—¡Es una orden! —gritó el maestre Juan del Águila a Domingo—. ¡No debéis volver allí! ¡No os lo estoy pidiendo, os lo estoy ordenando, Domingo!

—¡Excelencia, debo volver con el capitán y debo informar de que mañana Mansfeld tendrá cincuenta navíos disponibles para atacar! ¡Además, el capitán Sancho no se encuentra bien desde que mataron a Pablo! ¡Debo estar a su lado! ¡Ahora me necesita él a mí! —replicó el joven.

—¡Domingo, os prohíbo volver al dique, os necesitamos aquí! ¡Allí ya hay demasiados soldados!

El maestre no daba su brazo a torcer y bajo ningún concepto quería que volvieran al dique los soldados que ya habían sufrido la peligrosa travesía de ida, con la pérdida del capitán Melchor incluida. Juan del Águila también le tenía gran aprecio a Domingo, ya que durante el sitio de Amberes mantuvieron muchas conversaciones, forjando una gran amistad y simpatía mutua. El maestre era consciente de la valía del muchacho y sabía que podía llegar lejos en el ejército. No deseaba que se pusiera en riesgo de forma innecesaria. El carácter y actitud del chico eran reveladores y deslumbrantes para el maestre.

—El alférez Zambrana, junto con los marinos que le acompañan, llevará la noticia; esa es su misión, no la vuestra. Vos ya habéis cumplido con creces.

—¡Excelencia!, sabéis que os profeso un gran respeto, pero esta vez, para detenerme, me tendréis que disparar. No voy a obedeceros. Si no vuelvo con el alférez y los marinos, regresaré en la barcaza con la que hemos llegado hasta aquí, pero voy a regresar.

—Si desobedecéis mi orden, no dudaré en disparar, aunque me duela en el alma. En los tercios no permitimos la desobediencia y lo sabéis de sobra, Domingo.

—En los tercios no debemos desobedecer ni debemos desamparar a los soldados que nos necesitan. Ahora, excelencia, para mí, prevalece la desobediencia a la deshonra. No abandonaré a mi capitán. Haced lo que tengáis que hacer.

—¡Maldito terco! ¡Pardiez, Sancho te ha enseñado bien! ¡Maldita sea, volved si es lo que deseáis! ¡Insensato!

En ese preciso instante, Domingo ya no pronunció una sola palabra más. Se dio media vuelta, salió de la tienda y se dirigió a la barcaza del alférez. Los soldados que le habían acompañado se despidieron de él; prefirieron no arriesgarse de nuevo, ni en la travesía, ni en mantener una acalorada discusión con el maestre de campo Juan del Águila.

La barcaza estaba cargada con algunas hogazas de pan y mantas secas. Ruud se acercó antes de que partieran, abrazó al joven y le deseó suerte.

—Cuidad de Ángelus, hijo.

—Lo haré, señor. Y vos no hagáis esfuerzos innecesarios. Nos volveremos a ver pronto…

Haz clic aquí: El dique de Dios

Como debemos usar la coma – 1

La coma, básicamente, es un signo de puntuación que indica una breve pausa dentro de una oración. Sirve, además de para respirar un poco, para organizar el sentido del texto.

Sus usos principales son los siguientes:

1.- Separar elementos de una enumeración

Ejemplos:

Compré pan, leche, frutas y queso.

Dentro de la bolsa llevaba el móvil, un paquete de tabaco y un boli.

Nota importante: no se debe poner una coma antes de la ‘y’ en enumeraciones simples.

2.- Aislar vocativos

El vocativo es la palabra con la que nos dirigimos a alguien.

Ejemplos:

Marta, ven un momento.

Pásame esos libros, Marta.

Te lo digo en serio, amigo.

Estoy seguro, capitán, que todo saldrá bien.

3.- Para introducir aclaraciones o incisos

Cuando escribimos una información adicional que puede eliminarse sin que la frase pierda su sentido principal, la ponemos entre comas.

Ejemplos:

Marta, mi hija, tiene un Ford Kuga blanco.

Marta tiene un Ford Kuga blanco. Aquí he suprimido mi hija y la oración no pierde su sentido.

La novela, ambientada en Flandes, narra una historia de guerra y honor.

Ruud Jansen, antiguo soldado de los tercios, vivía en Rosan, Flandes.

Aquí, antiguo soldado de los tercios es una aclaración y Flandes otra que termina en punto, porque es el fin de la frase.

Si quitamos los incisos, la frase sigue teniendo sentido.

Ruud Jansen vivía en Rosan.

Todo dependerá de la información adicional que queramos aportar. En esta última frase, puede que si no aportamos incisos, no sepamos quien es Ruud Jansen ni que Rosan está en Flandes.

Y hasta aquí esta primera píldora…

Nos vemos en la siguiente.

PREFACIO DE VELAS ROTAS. EL FRACASO DEL REY. Léelo y descargalo aquí.


Castillo Rosclogher. Sur del Lago Melvin
Tierra de Connacht. Territorio del Clan McClancy
Norte de Irlanda
Diciembre de 1588


Irlanda estaba oficialmente bajo el control de la monarquía
inglesa, pero ese dominio parecía más bien una quimera, una
promesa de poder que se deshacía entre los dedos como la
arena húmeda. La realidad era muy distinta, pues era un territorio
defendido por clanes gaélicos que se aferraban a sus tierras con
uñas y sangre, resistiendo a un invasor que imponía su ley a la
fuerza.
En los verdes campos y en las aldeas de piedra, el conflicto
latía en cada sombra. Aunque, a simple vista, la isla podía parecer
un paisaje sereno de onduladas colinas y tranquilos ríos, bajo esa
calma se escondía una guerra constante. La lucha entre los jefes
irlandeses y los emisarios de Isabel I no tenía frentes definidos ni
líneas de batalla, sino emboscadas en los caminos, lealtades
compradas con oro o traicionadas por la desesperación.
Se trataba de una guerra de desgaste. Los ingleses querían
someter Irlanda, pero cada victoria les costaba sangre, cada
castillo tomado les aseguraba solo unas semanas de paz antes del
siguiente levantamiento. Los clanes, expertos en la guerra de
guerrillas, conocían los senderos, los pantanos y los bosques
como si de una prolongación de su propio cuerpo se tratara. Los
ingleses podían controlar las ciudades, pero en los campos, en las
colinas y en los valles, el poder seguía perteneciendo a los
irlandeses. En ese lejano país, no tenía el verdadero poder quien
gobernaba desde un trono en Londres, sino quien podía sostener
una espada cuando llegaba el momento de la verdad…

Sigue leyendo en PDF…

¿Qué les ocurrió a los soldados españoles y al ejercito inglés? ¿Cómo llegaron hasta allí, a esas remotas tierras…? Todo eso y mucho más en: Velas Rotas. El fracaso del rey.

VELAS ROTAS. EL FRACASO DEL REY (2025)

En el fragor del siglo XVI, cuando Europa arde entre guerras de fe y ambiciones imperiales, una intrincada red de pasiones, traiciones y heroísmo se teje sobre el telón de fondo de la Gran Armada.

Mientras Felipe II lanza su armada para restaurar el catolicismo en Inglaterra, Isabel i prepara su defensa y, en la sombra, busca una alianza con Ahmad al-Mansur, sultán de Marruecos. La reina sabe que el sueño del sultán es la reconquista de Al-Ándalus. Tres mujeres —Giovanna Loredan, Mercedes Martín y Meike Staal— se alzan como protagonistas de esta epopeya. Las dos primeras, marcadas por la traición y la sed de venganza; Meike, guiada por la lealtad y el amor, unida al atribulado duque de Medina Sidonia, obligado a liderar una empresa no deseada y condenada a la gloria… o al desastre.

Desde los brumosos mares del canal de la Mancha hasta los ardientes caminos de Marruecos, dos hilos narrativos se entrecruzan: una campaña naval épica y una peligrosa misión de persecución en busca de un espía italiano al servicio de Inglaterra, que pretende sellar una peligrosa alianza con el sultán. Entre la pólvora y las promesas, entre la fe y el oro, esta novela es un viaje vertiginoso por los límites del honor, donde cada decisión puede sellar el destino de imperios… y de corazones.

Asi mismo, en las costas salvajes de Irlanda, los supervivientes afrontan un nuevo infierno. Entre ellos, el capitán Francisco de Cuéllar, veterano de los tercios; el sargento Domingo López, endurecido por la guerra; y Martina (Mercedes Martín Montero), una mujer atrapada en la mayor catástrofe naval de su tiempo. Perseguidos, hambrientos y exhaustos, deberán confiar en su valor y en su ingenio para sobrevivir en una tierra extraña donde cada paso puede ser el último.

Velas rotas. El fracaso del rey es una novela histórica intensa (con mucha historia real) y profundamente humana que relata no solo el fracaso de la Armada del rey, sino la lucha individual de quienes se negaron a rendirse al destino. Una historia de mar, desiertos y montes, honor, supervivencia y esperanza en medio del desastre.

Ficha técnica

  • Autor: Salvador Pous
  • Género: Novela histórica
  • Ambientación: Marruecos, Lisboa, Canal de la Mancha y costas del Atlántico, 1588
  • Tema central: La Gran Armada y sus protagonistas

Sobre mi

Salvador F. Pous

Soy Salvador Francisco Pous (1967), ingeniero de profesión, casado y padre de dos hijos. Actualmente me desempeño como formador técnico en una empresa multinacional dedicada a la industria automotriz (Ford España S.L).
Además de mi carrera en el ámbito técnico y científico, soy el creador del canal de YouTube Ciencias con Salva, con casi 6000 subscriptores, donde ofrezco explicaciones claras y rigurosas de matemáticas y física, orientadas tanto a estudiantes de nivel universitario como de bachillerato.
Desde mi juventud he cultivado un profundo interés por la historia, con especial dedicación a la historia de España, disciplina en la que me considero un lector apasionado. Tras años de investigación, especialmente en fuentes primarias relacionadas con la guerra de Flandes, decidí dar el paso a la escritura con mi primera novela histórica: El dique de Dios. En ella recreo con fidelidad los hechos protagonizados por los tercios españoles en la isla de Bommel, en diciembre de 1585, donde transcurrió el llamado MIlagro de Empel.
Ahora, con Velas rotas. El fracaso del rey, presento una nueva novela que entrelaza el trasfondo histórico de la Gran Armada de Felipe II con las intrigas del espionaje inglés y una intensa persecución desarrollada en el Marruecos del siglo XVI. Con esta obra, aspiro a seguir cautivando a los lectores y afianzar mi voz narrativa dentro del género de la novela histórica.

EL DIQUE DE DIOS (2024)

En el invierno de 1585, en las frías tierras de Flandes, los tercios españoles, bajo el mando del maestre Francisco Arias de Bobadilla, se enfrentan no solo al enemigo, sino a la propia muerte. Atrapados en la isla de Bommel, rodeados por las aguas y por un ejército holandés muy superior, los soldados del Imperio parecen condenados. El enemigo ha abierto los diques y el frío, el hambre y la desesperación amenazan con destruir lo que las armas no han logrado.

Domingo López, un joven soldado, y su capitán, Sancho Hernández, un veterano aguerrido de las batallas de Flandes, se preparan para enfrentar un duro y cruel asedio. Se encuentran en el dique de la ermita de Empel, rodeados de agua y acorralados por los rebeldes. Domingo, atormentado por unas recurrentes pesadillas, está decidido a hacer todo lo posible por salvar la vida de su capitán y la suya propia. El joven soldado tendrá que tomar decisiones cruciales en la guerra con el fin de salvar al ejército y regresar con su amada Meike Staal.

Entre los hombres que intentarán ayudar a los tercios está Ruud Jansen, padre de Meike y antiguo soldado marcado por la guerra, que busca volver a ser útil y un lugar en un mundo que parece haberlo olvidado. Junto a hombres curtidos por el combate, campesinos, mujeres y jóvenes, resistirá en un escenario donde la fe y el honor son las últimas defensas.

Cuando todo parece perdido, un hallazgo inesperado cambiará el destino de los hombres… y dará origen a una de las leyendas más extraordinarias de la historia de los tercios.

El dique de Dios es una novela histórica intensa y humana que sumerge al lector en el barro, el hielo y el coraje de los soldados españoles en Flandes. Una historia de sacrificio, fe, amor y resistencia frente a lo imposible.

  • Autor: Salvador Pous
  • Año de publicación: 2024
  • Género: Novela histórica
  • Ambientación: Flandes, 1585 – Guerra de los Ochenta Años
  • Tema central: El milagro de Empel y los tercios españoles